

Shakespeare me llamó genial,
Lópe de Vega infinita,
Calderón, bruja maldita
y Fray Luis la episcopal;
Quevedo, grande inmortal
y Góngora la contrita.
Sor Juana, monja inaudita
y Bécquer la mayoral.
Rubén Darío, la hemorragia;
La hechicera de la magia.
Machado, la alucinante.
Villaurrutia, enajenante,
García Lorca, la grandiosa.
¡Y yo me llamé la Diosa!
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